Hoy en día, cualquier oferta de empleo en marketing digital parece una carta a los Reyes Magos: buscan a alguien capaz de hacerlo absolutamente todo. Desde diseño gráfico, edición de vídeo y SEO, hasta campañas de Google Ads, gestión de redes sociales, fotografía, desarrollo web, branding, email marketing, copywriting y, por si fuera poco, dominio de la inteligencia artificial. Si además sabe euskera, inglés y hace buen café, mejor que mejor.
¿El sueldo para este superhéroe? Normalmente, unos 1.400€ al mes.
Es fundamental diferenciar dos realidades muy distintas. Por un lado, los perfiles multitask existen; de hecho, yo mismo me muevo en ese terreno. Tras años en el sector, he aprendido a conectar áreas muy diversas: puedo diseñar un logotipo, maquetar una web, trazar una estrategia digital para una pyme o exprimir el SEO local. Sé perfectamente lo que es abarcar el proceso completo, y precisamente por eso sé que el «multitaskismo» idílico que muchas empresas pretenden subcontratar a precio de saldo sencillamente no existe.
Esa versatilidad real no surge de la nada. Un profesional todoterreno no nace porque una empresa publique una oferta exigiendo ocho profesiones en una por cuatro duros. Es el resultado de años picando piedra, cometiendo errores y sumando experiencia en proyectos reales. Y aun así, nadie —absolutamente nadie— puede ser un especialista brillante en todo a la vez en una jornada de ocho horas.
Por eso, cuando una empresa necesita esa visión global y estratégica sin morir en el intento, la solución no es buscar un empleado milagro, sino contar con un consultor externo que ya haya recorrido ese camino y sepa conectar las piezas. Y ahí es donde perfiles como el mío entran en juego.
El mito del «empleado para todo»
Es comprensible que muchas pymes busquen optimizar costes concentrando las tareas digitales en una sola persona. Es obvio que no todos los negocios pueden permitirse contratar a un diseñador, un desarrollador, un especialista en SEO, un community manager, un editor de vídeo y un director de estrategia.
El verdadero problema llega cuando se pretende que un único profesional en plantilla domine todas esas disciplinas al máximo nivel y, encima, perciba el sueldo de un perfil junior. Una cosa es la polivalencia y otra, muy distinta, intentar parchear cinco puestos de trabajo con una sola contratación low cost. El resultado suele ser el mismo: frustración y tareas a medio gas.
El verdadero valor de un perfil híbrido
A pesar de todo, los profesionales capaces de conectar disciplinas distintas son cada vez más cotizados. Alguien que entienda de diseño pero también de SEO, que cree una web pensando en la conversión y que use la inteligencia artificial para optimizar su tiempo, aporta un valor tremendo. Este tipo de perfiles son oro puro porque aportan agilidad y una visión de negocio de 360 grados.
Pero hasta los generalistas más curtidos tienen un límite. Es humanamente imposible mantener el mismo nivel de excelencia en branding, desarrollo, analítica y estrategia de forma simultánea si estás atrapado en el día a día operativo de una empresa. Cuando intentas ejecutarlo todo al 100%, terminas diluyendo la calidad de cada tarea.
La IA cambia las reglas del juego, pero no hace milagros
Para colmo, la irrupción de la inteligencia artificial ha distorsionado aún más las expectativas. Muchas empresas creen erróneamente que, por el simple hecho de usar ChatGPT o herramientas similares, la productividad de un empleado se multiplica hasta el infinito y ya no hace falta contratar a nadie más.
La realidad es otra. La IA es una aliada brutal que agiliza procesos y estira el alcance de los perfiles híbridos. Pero la tecnología no sustituye al criterio, la experiencia ni la visión estratégica. Una pantalla no va a entender cómo funciona tu negocio ni va a tomar las decisiones difíciles por ti.
¿Cuál es el camino inteligente para una empresa?
En lugar de lanzar ofertas persiguiendo a un unicornio imposible que acepte un sueldo precario, lo más sensato es analizar qué necesita el negocio realmente. Los perfiles generalistas con experiencia aportan un valor incalculable porque saben conectar los puntos estratégicos del marketing digital, pero su rol funciona mucho mejor desde la consultoría y la dirección que desde la ejecución masiva.
Hay que asumir que ciertos picos de trabajo o proyectos específicos requieren especialistas. A menudo, resulta mucho más rentable y eficiente externalizar la estrategia en un consultor multitask que sepa coordinar el mapa completo, que empeñarse en buscar a un «superempleado» que no existe.
El problema no es la polivalencia
Ser multitask no tiene nada de malo; de hecho, es una de las habilidades más potentes en el mercado actual si se sabe aplicar. El verdadero error de las empresas es creer que la experiencia, la creatividad, la estrategia y el conocimiento técnico de todo un departamento de marketing se pueden comprimir en una sola persona mal pagada.
Los profesionales capaces de liderar esa transversalidad existimos y somos la solución idónea para guiar a una pyme, pero ni somos baratos, ni nos improvisamos de la noche a la mañana, ni hacemos magia. Ofrecemos resultados, que es algo muy diferente.
